Preguntas más frecuentes sobre Factor de Transferencia
 

  • ¿Qué es el Factor de Transferencia?

    Los Factores de Transferencia, son moléculas que se encuentran en el calostro de los mamíferos, es decir la leche de las primeras horas después del parto, cuya función fundamental es la de transmitir la experiencia inmunológica de la madre al recién nacido para facilitarle a éste la sobrevivencia en ese “nuevo mundo” lleno de “plagas y enfermedad” en el que debe vivir. Tal experiencia inmunológica puede compararse con una especie de biblioteca de información inmunológica, que contiene la información acerca de la experiencia acumulada por los sistemas inmunológicos de las madres en cuanto al reconocimiento de los agentes nocivos e instrucciones de cómo se debe actuar ante cada amenaza, lo cual capacita al recién nacido para responder con mayor rapidez frente a una amplia variedad de riesgos. También, las gallinas y otras especies ovíparas depositan sus factores de transferencia dentro del huevo para pasar a su descendencia una biblioteca descriptiva, con instrucciones e identificadores microbianos para el sistema inmunológico (Hennen, 2003; Pedraza, 2012).

  • ¿Calostro y Factor de Transferencia, son lo mismo?

    No, aunque tienen relación. El Calostro es un fluido espeso y amarillento (debido a la alta concentración de beta carotenos) producido por los pechos de la madre de todos los mamíferos durante las primeras 24 horas de lactancia. Es la pre-leche. A partir de las 24 a las 48 horas se le llama leche transitoria. Después de 48 horas se define como leche.
    El Factor de Transferencia, es uno de los 90 componentes identificados en el Calostro (se considera que existen en el calostro cerca de 250 componentes) con función específica dentro del sistema inmunológico (sistema de defensa del cuerpo) y constituyen o hacen parte del grupo de componentes (del calostro) de mayor importancia por los procesos en los que participan: defender al cuerpo.
    En el Calostro, además del Factor de Transferencia, se encuentran otros componentes de singular importancia inmunológica, como los Polipéptidos Ricos en Prolina (de hecho el factor de transferencia es un polipéptido) y la  Lactoferrina, entre otros; como también Inmunoglobulinas (anticuerpos), Factores de Crecimiento y Reparación, etc. (Hennen, 2010; Pedraza, 2012).

  • ¿Quién y cómo descubrieron el Factor de Transferencia?

    A mediados del siglo pasado, el Dr. Sherwood Lawrence, estudiando la tuberculosis, descubrió que la competencia (capacidad o experiencia) inmunológica de un individuo (donador) podría ser transferida a otro individuo (receptor) inexperimentado usando extractos de bajo peso molecular obtenidos de las células blancas de la sangre (leucocitos). El Dr. Lawrence llamó a estos extractos de moléculas pequeñas "factores de transferencia" (TF, del inglés "Transfer Factor") (Hennen, 2003).

  • ¿Cómo funcionan los Factores de Transferencia?

    Como biblioteca de información inmunológica, los Factores de Transferencia contienen información que permite al sistema inmune educarse y ponerse en alerta para responder frente a peligros potenciales (células malignas, virus, hongos, bacterias, parásitos, etc.), calmarse cuando sea necesario, o actuar en el sentido correcto, evitando errores de activación y actuación, que además del daño para el cuerpo, implican un gasto enorme de una preciosa energía. De ahí su naturaleza inmunomoduladora, es decir, su capacidad de modificar la respuesta inmunológica. En éste sentido podemos decir que los factores de transferencia le permiten, al sistema inmune, “ver mejor” y actuar en consecuencia (Hennen, 2003; Pedraza 2012).

  • Quienes pueden tomar los Factores de Transferencia?

    Los Factores de Transferencia los pueden tomar personas saludables de cualquier edad, desde bebés hasta personas de Tercera Edad. Precisamente el verdadero poder del Factor de Transferencia está en la prevención misma. El uso del Factor de Transferencia en la prevención de enfermedades y el mantenimiento de la salud es su mayor beneficio potencial y se ha establecido ampliamente su seguridad cuando se usa de manera frecuente, siendo los niños y ancianos los grupos que pueden resultar mayormente beneficiados, pues los primeros (niños) tienen un sistema inmune aún "inexperto" y en los segundos (ancianos), su sistema inmune ha perdido competencia (capacidad de acción). Por supuesto que, también, lo pueden tomar personas de cualquier edad que sufran alguna enfermedad infecciosa, degenerativa, alérgica, autoinmune, etc. (Hennen, 2003; Pedraza, 2012).

    En cuanto a las mujeres embarazadas, observaciones realizadas en mujeres en estado de embarazo que consumieron factores de transferencia en comparación con aquellas que no los tomaron, revelaron mejor salud tanto en las madres como en sus bebés (Hennen, charlas personales). Sin embargo, dada la naturaleza particular de los Factores de Transferencia y su función como "estimulador" de la "capacidad de vigilancia" del sistema inmune, sería más aconsejable su uso a partir de las 16 semanas del embarazo (cuarto mes del embarazo) (Pedraza 2012).

  • ¿Dónde se encuentran de manera natural los Factores de Transferencia?

    Los Factores de Transferencia están presentes naturalmente en la sangre humana (glóbulos blancos); en el calostro femenino, es decir, la leche materna de las primera 24-34 horas; el calostro de la vaca y de los mamíferos en general; la yema de huevo de aves como la gallina, entre otros (Hennen, 2003).

    Los Factores de Transferencia que hoy día se utilizan en productos comerciales son extraídos principalmente del calostro de la vaca, yema de huevo y sangre humana (como es el caso de las preparaciones líquidas que utilizan en Cuba, por lo que se les denomina de “origen leucocitario”) (Hennen, 2003; Pedraza2012).

  • ¿Que fuentes se utilizan para obtener los Factores de Transferencia y cuál es su efectividad?

    Son tres las fuentes principales de las que se extraen los Factores de transferencia para uso en salud, siendo la principal el calostro de la vaca. Los hatos donde se crían las vacas lecheras de las cuales se obtiene el calostro para la extracción del factor de transferencia (para lo que se requiere la utilización de tecnología de punta) tienen un manejo muy especial, controlado, monitoreado, en el que las vacas son alimentadas con pastos naturales libres de:  Organismos Genéticos Modificados OGM (transgénicos), uso de plaguicidas y productos químicos, vacunas y hormonas, etc., y donde además, la recolección y procesamiento del calostro son regulados para así obtener y garantizar un calostro de alta calidad, no contaminado (Henderson & Mitchell, 2000).

    Otra fuente de Factores de Transferencia es la yema de huevo, la que se considera hoy día de menor importancia, por cuanto en comparación con los mamíferos las aves poseen una menor "experiencia inmunológica". En la opinión de Expertos, los factores de transferencia provenientes de esta fuente no es nada lo que agregan cuando están presentes junto a los factores de transferencia extraídos de calostro de vaca.

    En cuanto a la fuente de origen leucocitaria (la sangre humana, más específicamente los glóbulos blancos), este tipo de producto (inyectable) tiene ciertos riesgos en cuanto a su seguridad, no solo porque su manejo desde el momento de la preparación hasta el de uso requiere refrigeración (me refiero aquí específicamente al producto fabricado en Cuba), sino y ante todo -aunque sus fabricantes afirman que no- por la calidad de la fuente: la sangre humana, que como bien se sabe es un factor muy complejo de asegurar en un mundo lleno de raras y desconocidas enfermedades, con individuos poseedores de una carga genética cuyo conocimiento completo y profundo aún escapa a los esfuerzos de la ciencia (caso particular del factor de transferencia preparado en Cuba). Recuérdese para el caso, los diferentes desórdenes de origen hereditario que afectan a los glóbulos blancos. Lo que no pasa con las presentaciones en las que el producto viene en polvo dentro de capsulas, que es estable, de fácil manejo y consumo.

    Por razones éticas, no se extraen del calostro femenino (pre-leche materna) pues implicaría quitarle el alimento a los bebés para elaborar un producto comercial (Pedraza 2012).

    En cuanto a efectividad, todas las preparaciones de factores de transferencia independientemente de su origen son, según la experiencia y conocimiento que se tiene hasta hoy, efectivas (Hennen, 2003; Hennen, charlas personales; Pedraza 2012).

  • ¿El Factor de Transferencia es seguro y efectivo?

    Durante los últimos 15 años, tanto la experiencia relacionada con su uso en personas de todas las edades y condiciones diversas de salud, como también los reporte de investigación, han demostrado la seguridad de los Factores de Transferencia provenientes del calostro de vaca y la yema de huevo; razones que han permitido su mayor conocimiento, aceptación y uso por parte de la población en todo el Mundo. El factor de transferencia, como extracto del calostro, se reconoce generalmente como seguro ("GRAS': del inglés "Generally Recognized as Safe) y se considera con un perfil de seguridad similar al de la leche (Hennen, 2003). Nuestro comentario acerca de los "presumibles riesgos" de los Factores de Transferencia de origen leucocitario, es más un llamado al cuidado en cuanto a su manejo y uso y por consiguiente no debe ser tomada como una descalificación, pues hasta la fecha no se conocen reportes negativos relacionados con su uso y más bien por el contrario dicho producto goza de fundamentado reconocimiento internacional.

    En cuanto a su efectividad, ésta se ve corroborada cada día con el uso altamente beneficioso en el tratamiento alternativo de las más diversas enfermedades y patologías; sustentado, además, por más de 3000 publicaciones científicas, muchas de las cuales que pueden ser consultadas y verificadas a través de
    PubMed (Biblioteca Nacional de Medicina de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos) (Hennen, 2003; Pedraza 2012).

  • ¿El Factor de Transferencia proveniente del calostro de vaca causa reacción alergia o rechazo por parte del organismo humano?

    Muchas personas consideran que el factor de transferencia de origen bovino, por provenir de la vaca puede causarles algún tipo de intolerancia y/o alergia. En primer lugar se debe recordar la diferencia ya mencionada líneas arriba entre el calostro (pre-leche) y la leche. En segundo lugar, recordar igualmente, que tal como lo hemos señalado líneas arriba, el Factor de Transferencia, es tan solo un componente de los 90 identificados y de los cerca de 250 presentes en el calostro o pre-leche, es decir la "primera leche" que producen la vacas y también la mujer durante las primeras 24-34 horas después del parto, cuya función principal es la de "instruir" al sistema inmune del recién nacido, transmitiéndole habilidad o dándole capacidad para defenderse de los agentes agresores en ese nuevo mundo al que llega. Que además, por ser una molécula de tamaño muy pequeño (por debajo de los 5.000 daltones) y por su naturaleza bioquímica, no es alergénica (Hennen, 2003; Pedraza 2012).

    En cuanto a la leche, ésta si tiene componentes alergénicos, es decir, causantes de alergia. Veamos. La leche de vaca contiene al menos 25 proteínas distintas entre séricas y caseínas. La caseína y el suero son las proteínas más comunes de la leche con poder antigénico, es decir, con capacidad de provocar alergia. Las caseínas son los alérgenos mayores (principales) de la leche de vaca. Entre las proteínas del suero de la leche de vaca, los alérgenos más importantes son la betalactoglobulina (BLG) y la alfalactoalbúmina (ALA); son alérgenos menos trascendentes las inmunoglobulinas bovinas (BGG) y la albúmina sérica (BSA), que pierde su alergenicidad (capacidad de producir alergia) cuando se somete a altas temperaturas (Martin, 2012).
     La caseína representa cerca del 80% de las proteínas lácteas y es uno de los componentes de la leche de vaca que más alergia causa junto a la alfa-Lactoalbúmina y beta-Lactoglobulina. La leche de vaca contiene un 300% más de caseína que la leche materna (que solo contiene 40% de caseína), de ahí su implicación en muchos de los procesos alérgicos. La caseína es una sustancia áspera, densa, pegajosa y muy espesa que tiende a acumularse en el sistema respiratorio y aparato digestivo siendo muy difícil de eliminar por el organismo. A nivel respiratorio la caseína es culpable del exceso de mucosidad que padecen muchas personas que toman leche de vaca ya que llega incluso a obturar las vías respiratorias. Está demostrado que los niños que cursan con episodios respiratorios recurrentes (gripa, congestión nasal, sinusitis, etc.) debido a un exceso de moco mejoran si la leche es retirada de sus dietas.

    Ya aclarada la diferencia entre el factor de transferencia y la leche como tal, aprovechemos la oportunidad para precisar dos conceptos que se confunden comunmente: la alergia a la leche y la intolerancia a la lactosa.
    La alergia a la leche es la manera en que el sistema inmunológico de nuestro cuerpo responde a una o más proteínas que se encuentran en la leche de vaca y ocurre cuando el sistema inmunitario interpreta equivocadamente que la proteína de la leche es una sustancia peligrosa, contra la que se debe defender el organismo. Se trata de una respuesta desproporcionada del sistema inmunitario frente a un alimento normalmente inofensivo. Los individuos con una predisposición alérgica, tras los primeros contactos con el alimento, reconocen proteínas extrañas o partes de estas proteínas (denominadas epítopos o determinantes antigénicos), que difieren de las de la leche humana, y que son capaces de inducir una respuesta inmunológica (Martin, 2012). La alergia a la leche la pueden padecer personas de todas la edades y aunque afecta mas a los lactantes se estima que solo entre 2-5% de los infantes nacen con alergia a la leche y 80% ya no la tendrán para la edad de 6 años.
    Los síntomas característicos de la alergia a la leche se manifiestan más en las mucosas de las vías respiratorias y bronquios y dificultan la respiración de la persona, aunque también pueden aparecer síntomas cutáneos (eccema, urticaria) y digestivos (flatulencia o diarrea).

    Veamos ahora lo relacionado con la intolerancia a la lactosa. Esta sucede cuando el intestino delgado no es capaz de digerir la lactosa, un tipo de azúcar que se encuentra en la leche y otros productos lácteos (
    MedlinePlus). La lactosa, para absorberse desde el intestino, sufre la acción de una enzima llamada lactasa. La razón de este problema es que el intestino no produce suficiente cantidad de enzima lactasa. Las enzimas ayudan al cuerpo a absorber los alimentos. El cuerpo del bebé produce lactasa para poder digerir la leche, incluida la leche materna. Los bebés prematuros pueden presentar intolerancia. En los mamíferos es normal que la actividad de la enzima lactasa comience a disminuir progresivamente después del destete de la madre. En el hombre, esta declinación en los niveles de lactasa puede comenzar tan temprano como a los 2 o 7 años. Dado que la disminución de la lactasa en el intestino es lentamente progresiva, pueden pasar muchos años sin notar síntomas, por lo que la intolerancia a la lactosa es más común en los adultos (Alvarez et al.).
    Al no tener suficiente cantidad de lactasa no se puede digerir la lactosa, de tal manera que esta permanece en el intestino, no se absorbe y da lugar a diarrea y dolores tipo cólico. Esta reacción no es, por tanto, de tipo alérgico, sino digestivo. La intolerancia a la lactosa de los niños suele aparecer a causa de alguna infección intestinal. La infección causa una lesión en las capas internas del intestino, y se pierde la enzima lactasa. Hasta que se repara esa lesión y se recupera la enzima, el niño presenta intolerancia a la lactosa. Si toma leche con lactosa, tendrá diarrea, y la lesión se prolongará. Es muy poco frecuente en los lactantes y mucho más frecuente en los niños mayores y los adultos. Hay un número muy reducido de niños que pueden tener un déficit congénito, una falta de la enzima lactasa desde el nacimiento, y que persistirá toda la vida. Es frecuente que algunas personas, con el paso del tiempo, vayan perdiendo total o parcialmente la enzima, y al hacerse adultos se hagan intolerantes a la lactosa. Esta pérdida de la enzima en la edad adulta no se recupera.



    Referencias bibliográficas

    - Álvarez, M., Miquel, J.,e Ibáñez, P. Intolerancia a la lactosa. Departamento de Gastroenterología, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile. click
    - Henderson, D., Mitchell, D. Publisher. Colostrum: nature's healing miracle. CNR Publications, 2000.
    - Hennen, William. Factor de Transferencia Mejorado. click
    - Hennen, William. Factores de Transferencia la mejor herramienta en el tratamiento del cáncer y otras patologías. Revista Discovery Salud. click
    - KidsHealths. Milk Allergy in Infants.
    - Las Proteinas.org. Proteínas de la lecha asociadas con enfermedades click
    - Martín M., María Flora. Alergia a la leche. Libro de las enfermedades alérgicas de la Fundación BBVA. pp.:223-232.click
    - Ministerio de Salud de Chile, UNICEF. La leche humana, composición, beneficios y comparación con la leche de vaca. Extraído y adaptado de Manual de Lactancia para Profesionales de la Salud. Comisión de Lactancia MINSAL, UNICEF. Editoras C. Shellhorn, V. Valdés. Chile 1995. click
    - Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Federación Rusa. Uso de los Factores de Transferencia en la Rehabilitación Inmunológica después de Enfermedades Infecto-Inflamatorias y Enfermedades Somáticas. click
    - Pedraza, A., José Eduardo. Factor de Transferencia: origen, beneficios, evolución. Bogotá, D.C., Colombia, 2012. 150 p. Publicación en proceso.











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