El Sistema Inmunológico





La Salud, nuestro mayor patrimonio...Su Cuidado y Protección, nuestra mayor responsabilidad...

La Salud es el mayor patrimonio con que puede contar una persona y toda sociedad, pues de ella depende la capacidad productiva para generar riqueza. En un mundo como el actual, plagado de nuevos y más agresivos agentes causales de enfermedad (virus, bacterias, hongos, parásitos, etc.) y de enfermedades tan desconocidas como agresivas, nuestra alerta debe ser permanente y las acciones para ponernos en salvaguarda no se deben hacer esperar. Nuevas y mortales enfermedades están ganando poder y a la vez, los antibióticos están empezando a fallarnos a medida que las "superbacterias" resistentes a los antibióticos se convierten en un problema mundial. Aun los alimentos que comemos no son seguros. De hecho, en los últimos 20 años se han identificado más de una docena de nuevos patógenos que se transportan en los alimentos. La rapidez de los viajes aéreos hace que las más distantes infecciones estén a solo unas horas de distancia (Hennen, 2003).

Pero, ¿cómo estamos individual y socialmente protegiendo tal riqueza natural? ¿Estamos previniendo la pérdida de ese preciado patrimonio? ¿Estamos actuando anticipadamente para evitar tal pérdida, cuya consecuencia inevitable en lo personal es el sufrimiento y la pérdida de calidad de vida, y a nivel social, la disminución de la capacidad productiva de esa sociedad y por consiguiente la relegación al atraso, la pobreza y el marginamiento?

La palabra prevención, del verbo prevenir, es definida como " preparación, disposición que se toma para evitar algún peligro. Preparar con anticipación una cosa, buscando que sea o resulte mejor de lo que es”.  Queda claro entonces que al utilizar este término nos referimos a una acción de carácter anticipatorio, que requiere necesariamente tener conocimiento acerca de aquello que queremos cuidar, defender, proteger.

La pregunta obvia es, entonces, ¿cómo hacerlo? ¿Por dónde empezar?

Comencemos por recordar, que nuestro cuerpo está formado por miles de células organizadas en órganos y sistemas, los cuales funcionan de manera coordinada para optimizar nuestro desarrollo. Uno de estos sistemas, de particular importancia, es el llamado sistema inmune o inmunológico, que se encarga del proceso de vigilancia y defensa contra el ataque de agentes extraños, los cuales pueden ser dañinos y romper este equilibrio, causándonos enfermedad.

Si tomamos en cuenta que el Sistema Inmune o Sistema Inmunológico, con el que fue dotado sabiamente nuestro cuerpo, es el escudo defensivo frente al ataque de agentes externos e internos que le puedan causar enfermedad, tendremos por consiguiente que prestarle particular atención, no solo por su función, sino por su estrecha relación con los demás sistemas del cuerpo.

Conozcamos pues, algo más en detalle, el Sistema Inmunológico….

El sistema inmunológico es el sistema de defensas del cuerpo contra los organismos infecciosos y otros agentes invasores. A través de una serie de pasos denominada respuesta inmunitaria, el sistema inmunitario ataca a los organismos y sustancias que invaden nuestro cuerpo y que podrían provocarnos enfermedades. El sistema inmunitario está compuesto por una red de células, tejidos y órganos que colaboran entre sí para proteger nuestros cuerpos.

El sistema inmunológico ataca y elimina no solamente las bacterias, virus, hongos, parásitos y otras sustancias extrañas, sino también las células del cáncer. Una célula cancerosa no es una célula extraña; es una célula cuya función biológica ha sido alterada de tal forma que no responde a los mecanismos normales del cuerpo que controlan el crecimiento y la reproducción de la misma. Las células anormales pueden continuar creciendo, transformándose en cáncer.

Las células que forman parte de este sistema de defensa son los glóbulos blancos, o leucocitos. Los hay de dos tipos básicos diferentes (que veremos más adelante), que trabajan conjuntamente y se complementan para localizar y destruir los organismos o sustancias que provocan las enfermedades.

Los leucocitos se fabrican o almacenan en muchas partes diferentes del cuerpo, incluyendo el timo, el bazo y la médula ósea. Por este motivo, estos órganos se denominan órganos linfoides. También hay cúmulos de tejido linfoide en todo el cuerpo, prioritariamente en forma de ganglios linfáticos, que también albergan leucocitos en su interior.

Los leucocitos circulan por todo el cuerpo entre órganos y nódulos a través de los vasos linfáticos. Los leucocitos también pueden circular a través de los vasos sanguíneos. De este modo, el sistema inmunitario funciona de forma coordinada para detectar cualquier sustancia que pudiera provocar problemas.

Hay dos tipos básicos de leucocitos:

Los fagocitos, son células que destruyen a los organismos invasores fagocitándolos, es decir, devorándolos.

Hay diversos tipos de células que se consideran fagocitos. El tipo más frecuente son los neutrófilos. Éstos luchan prioritariamente contra las bacterias. De modo que, cuando a un médico le preocupa que un paciente pueda tener una infección bacteriana, puede solicitar un análisis de sangre para averiguar si el paciente tiene o no una cantidad de neutrófilos por encima de lo normal desencadenada por la supuesta infección. Otros tipos de fagocitos desempeñan otras funciones para asegurar que el cuerpo reacciona adecuadamente a tipos específicos de invasores.

Los linfocitos, que vienen a ser como la memoria del cuerpo en lo que a infecciones se refiere, ya que le permiten recodar y reconocer a invasores previos.

Hay dos tipos de linfocitos: los linfocitos B y los linfocitos T.
Los linfocitos se fabrican en la médula ósea y, bien permanecen allí y maduran a linfocitos B, o bien se desplazan hasta el timo, donde maduran a linfocitos T.
Los linfocitos B y los linfocitos T desempeñan funciones diferentes: los linfocitos B vienen a ser el sistema de inteligencia militar del cuerpo, encargadas de buscar a los invasores y enviarles soldados para que los ataquen. Los linfocitos T son los soldados, encargadas de destruir a los invasores que ha identificado el sistema de inteligencia, también son llamados citotóxicos o CD-8, los que en casos como el cáncer, reconocen a las células enfermas e inducen su muerte, para evitar que el mal se expanda a otras células...

Para que el Sistema Inmunológico pueda funcionar correctamente, debe contar con un sistema de comunicación que permita potenciar o frenar la actividad del sistema inmune mediante las
citoquinas, citocinas o citoquininas, que son los agentes responsables de la comunicación intercelular entre los distintos actores del Sistema Inmunológico que actúan tanto sobre las células que las producen (efecto autocrino), como sobre otras células (efecto paracrino), o sobre órganos o tejidos diana (efecto endocrino).

Las principales citoquinas conocidas actualmente son:

  • Interleuquinas (IL-1 a IL-23)
  • Interferones IFN (alfa,beta y gamma)
  • Factores de crecimiento (CSF y TGF beta)
  • Factores de necrosis tumoral (TFN alfa y beta)
  • Otros factores de crecimiento


Pero, veamos como funciona el proceso de identificación (linfocitos B) y ataque (linfocitos T)…
Las sustancias que invaden el organismo se denominan antígenos. Cuando se detecta un antígeno en el organismo, varios tipos distintos de células colaboran para identificarlo y reaccionar en consonancia. Estas células desencadenan la producción de anticuerpos en los linfocitos B. Los anticuerpos son proteínas especializadas que se adhieren a antígenos específicos. Los anticuerpos y los antígenos encajan perfectamente entre sí como si se tratara de una llave y una cerradura.

Una vez los linfocitos B fabrican los anticuerpos, esos anticuerpos siguen existiendo en el organismo de la persona. Eso significa que, si el mismo antígeno volviera a entrar en el organismo de esa persona, los anticuerpos ya estarían allí para cumplir con su función. Por eso, cuando una persona enferma de determinada enfermedad, como la varicela, lo más habitual es que no vuelva a contraer la misma enfermedad. Y por eso también utilizamos las vacunas, a modo de prevención, así las personas vacunadas no contraen determinadas enfermedades. Lo que hace una vacuna es introducir en el organismo el antígeno de un modo que no enferma a la persona vacunada pero que desencadena en su organismo la respuesta de fabricación de anticuerpos que la protegerán de ataques futuros del germen o sustancia causante de la enfermedad.

Aunque los anticuerpos pueden reconocer un antígeno y adherirse a él, no pueden destruirlo sin ayuda. Y ahí es donde intervienen los linfocitos T. Estos forman parte del sistema que destruye los antígenos que han sido identificados ya sea por los anticuerpos o por aquellas células que han sido infectadas o han cambiado por algún motivo. De hecho, algunos de los linfocitos T se denominan células asesinas, células K (del inglés killer = asesino), natural killer, o NK (sigla de Natural Killer). Los linfocitos T también contribuyen a indicar a otras células (como los fagocitos) que desempeñen su función.

Los anticuerpos también tienen la facultad de neutralizar toxinas (sustancias venenosas o nocivas) fabricadas por diversos organismos. Y, por último, los anticuerpos pueden activar un grupo de proteínas denominadas complemento que también forman parte del sistema inmunitario. El sistema del complemento participa en la destrucción de bacterias, virus y células infectadas.

Todas estas células altamente especializadas y órganos del sistema inmunitario ofrecen al organismo protección contra las enfermedades. Esta protección se denomina inmunidad. Los seres humanos tienen tres tipos de inmunidad -innata, adaptativa y pasiva.

Inmunidad innata, es la que poseemos desde que nacemos. Es un sistema muy eficiente para eliminar virus, bacterias y algunas toxinas por dos grandes mecanismos. En uno de ellos un tipo de células sanguíneas, los macrófagos y otras células fagocíticas, tienen la función de reconocer los agentes extraños para quitarlos de la circulación, por un proceso llamado fagocitosis, que consiste en englobar al agente extraño, rodearlo totalmente y enviarle sustancias para su eliminación. En el otro tipo sólo participan proteínas de la sangre, aproximadamente 20 diferentes, las cuales se les conoce como Complemento. Todas ellas atacan directamente al parásito y lo destruyen.

En otras palabras, todo el mundo viene al mundo con una inmunidad innata (o natural), una suerte de protección general que compartimos todos los seres humanos. Muchos de los gérmenes que afectan a otras especies no resultan nocivos para el ser humano. Por ejemplo, los virus que provocan leucemia en los gatos o el moquillo en los perros no nos afectan a los seres humanos. La inmunidad innata funciona en ambos sentidos, ya que algunos virus que enferman a los humanos –como el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) que puede provocar el SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida)- no enferma ni a los gatos ni a los perros.

La inmunidad innata también incluye las barreras externas del cuerpo, como la piel y las mucosas (que cubren el interior de la nariz, la garganta y el tubo digestivo) y que son nuestra primera línea de defensa contra las enfermedades. Si se quiebra esta primera línea de defensa (como cuando nos cortamos), la piel se intenta cerrar lo más deprisa posible mientras que las células inmunitarias especiales de la piel atacan a los gérmenes invasores.

Inmunidad adquirida, es un segundo tipo de protección y se desarrolla conforme los niños y adultos se exponen a enfermedades (natural) o se inmunizan contra determinadas enfermedades al recibir distintas vacunas (artificial o inducida).

Se denomina adquirida, pues se desarrolla conforme el individuo va madurando, es decir, se desarrolla a lo largo de la vida de una persona. Este sistema está formado principalmente por células sanguíneas blancas, llamadas linfocitos. Los linfocitos B son las células que secretan las proteínas llamadas anticuerpos, las cuales detectan a los agentes extraños y fomentan su eliminación, ya sea por precipitación, bloqueando la entrada a células o estimulando a la inmunidad innata para que esta lo ataque.

Sin embargo, cuando el patógeno no se encuentra en circulación, sino que invade células para no ser atacado por los anticuerpos o el complemento, como es el caso de los virus y algunas bacterias, o bien, cuando las células han perdido sus funciones normales, como en el cáncer, son los linfocitos T, llamados citotóxicos o CD-8, los que reconocen a las células enfermas e inducen su muerte, para evitar que el mal se expanda a otras células.

Finalmente, hay un grupo de linfocitos T, llamados de ayuda o CD-4, cuya función es coordinar a todas las células del sistema inmune, favoreciendo qué tipo de respuesta se va a generar, ya sea la innata, la mediada por anticuerpos o por células T citotóxicas. Esta coordinación la realiza secretando ciertas proteínas que atraen, alertan y activan las respuestas de los macrófagos, linfocitos B o linfocitos T CD-8, de acuerdo a la respuesta que se necesite.

La Inmunidad adquirida puede ser natural o artificial e inducida pasiva o activamente. La inmunidad adquirida de forma natural se obtiene mediante el desarrollo de anticuerpos como consecuencia de un episodio infeccioso previo, o por la transmisión de anticuerpos de la madre al feto a través de la placenta al recién nacido y a través de la leche materna.

Inmunidad activa, es la resistencia inducida después de contacto efectivo con antígenos extraños. En estos casos el huésped produce anticuerpos en forma activa y las células linfoides adquieren la capacidad para responder a los antígenos. Las ventajas de la inmunidad activa incluyen resistencia a largo plazo (basada en la producción de anticuerpos) y respuestas inmunitarias mediadas por células; las desventajas, el lento inicio de la resistencia y la necesidad de contacto prolongado o repetido con el antígeno.

Inmunidad pasiva, es una forma de inmunidad adquirida debida a la acción de los anticuerpos transmitidos de forma natural a través de la placenta de la madre al feto o a través del calostro (líquido segregado por las glándulas mamarias durante el embarazo) de la madre al lactante, o bien artificialmente por inyección de un suero o la ingestión oral de inmunomoduladores como tratamiento preventivo (profiláctico) de alguna enfermedad. La inmunidad pasiva no es permanente como la activa, la inmunidad pasiva, es una forma de protección rápida, pero de corta duración, que se adquiere durante el embarazo y se refuerza a través de la lactancia materna. Por ejemplo, los anticuerpos que contiene la leche materna proporcionan al lactante una inmunidad temporal contra aquellas enfermedades a que se ha expuesto la madre. Esto puede ayudar a proteger a los lactantes contra esas infecciones durante los primeros años de vida.

Problemas que pueden surgir en el Sistema Inmunológico.

Los Factores de Transferencia, como sistema de ayuda inducen, promueven y/o refuerzan en nuestro organismo una respuesta del Sistema Inmunológico (respuesta inmune) de acuerdo con la necesidad y circunstancias. Sin embargo, el sistema inmunológico, al igual que los otros sistemas del organismo humano, puede sufrir alteraciones en el mecanismo de reconocimiento, ya sea por causas internas y/o externas, que conducen a respuestas no siempre apropiadas para nuestro bienestar. Tales alteraciones son principalmente:

  • Que el sistema inmunológico no funcione, generando las llamadas Inmunodeficiencias.
  • Que el sistema inmunológico pierda la capacidad de reconocer lo propio de lo no propio y en consecuencia comience a atacar al cuerpo en lugar de defenderlo (que es su función natural), en cuyo caso se generan las llamadas reacciones autoinmunes
  • Que el sistema inmunológico reaccione desproporcionadamente generando lo que se conoce como reacciones de hipersensibilidad.
  • Cánceres del sistema inmunitario.

    • Trastornos por inmunodeficiencia. La inmunodeficiencia ocurre cuando se carece de una parte del sistema inmunitario o bien hay alguna parte de él que no funciona de forma adecuada. Algunas personas nacen con inmunodeficiencias –denominadas, en este caso, inmunodeficiencias primarias-. Aunque las inmunodeficiencias primarias son trastornos con los que se nace, es posible que sus síntomas no se manifiesten hasta momentos posteriores de la vida. Las inmunodeficiencias también se pueden adquirir a través de infecciones o al someterse a ciertos tratamientos farmacológicos. Este tipo de inmunodeficiencias a veces se denominan inmunodeficiencias secundarias.

      Las inmunodeficiencias pueden afectar a los linfocitos B, los linfocitos T o los fagocitos. Algunos ejemplos de inmunodeficiencias primarias que pueden afectar a niños y adolescentes son:
    • Deficiencia de IgA. Es el trastorno por inmunodeficiencia más frecuente. La IgA (Inmunoglobulina A) es una inmunoglobulina que se encuentra prioritariamente en la saliva y otros fluidos y que ayuda a proteger las aberturas del cuerpo contra los organismos invasores. La deficiencia de IgA es un trastorno en el cual el cuerpo no fabrica suficientes anticuerpos IgA. Las personas con deficiencia de IgA son más proclives a las alergias o a los catarros y otras infecciones de las vías respiratorias, aunque no suelen ser graves.
    • Inmunodeficiencia combinada grave. También conocida como la “enfermedad del niño burbuja” a raíz de un niño de Texas que vivió en una burbuja de plástico libre de gérmenes, se trata de un trastorno grave del sistema inmunitario. Está provocado por la ausencia tanto de linfocitos B como de linfocitos T, lo que hace casi imposible luchar contra las infecciones.
    • Síndrome de DiGeorge (displasia tímica). Se trata de una malformación consistente en la ausencia de timo al nacimiento. Es un ejemplo de enfermedad de los linfocitos T primaria. El timo es la glándula donde suelen madurar los linfocitos T.
    • Síndrome de Chediak-Higashi y la enfermedad granulomatosa crónica. Ambas se caracterizan por la incapacidad de los neutrófilos de funcionar con normalidad como fagocitos.

      Las inmunodeficiencias adquiridas se suelen desarrollar tras contraer determinadas enfermedades, aunque también pueden estar provocadas por la desnutrición, quemaduras u otros problemas médicos. Determinados fármacos también pueden provocar problemas en el funcionamiento del sistema inmunitario. Algunos ejemplos de inmunodeficiencias secundarias son:
    • Infección por el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) / SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). Se trata de una enfermedad que va destruyendo lenta y progresivamente el sistema inmunitario. Está provocada por el VIH, que aniquila ciertos tipos de linfocitos denominados células T cooperadoras. Sin este tipo de células, el sistema inmunitario no puede defender al cuerpo contra organismos normalmente inofensivos, los cuales pueden provocar infecciones muy graves en las personas con SIDA. Los bebés pueden contraer la infección por VIH si sus madres están infectadas mientras están en el útero, durante el parto o a través de la lactancia. Los jóvenes y adultos pueden contraer esta infección al mantener relaciones sexuales sin protección con una persona infectada o al compartir agujas contaminadas para inyectarse drogas o esteroides o al hacerse tatuajes.
    • Inmunodeficiencias provocadas por fármacos. Hay varios fármacos que deprimen la respuesta del sistema inmunitario. Por ejemplo, uno de los inconvenientes de la quimioterapia que se utiliza para tratar el cáncer es que no solo destruye las células cancerosas, sino también otras células sanas y de rápido crecimiento, incluyendo las que se fabrican en la médula ósea y otras partes del sistema inmunitario. Por otra parte, las personas con trastornos autoinmunitarios o que se han sometido a un trasplante de órganos pueden necesitar medicarse con fármacos inmunodepresores. Estos fármacos pueden reducir la capacidad del sistema inmunitario para hacer frente a las infecciones, pudiendo provocar una inmunodeficiencia secundaria.


    • Trastornos autoinmunitarios. En los trastornos autoinmunitarios, el sistema inmunitario ataca equivocadamente órganos y tejidos sanos del cuerpo como si fueran invasores. Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunitarias incluyen:

      Lupus, es una enfermedad crónica caracterizada por el dolor y la inflamación de músculos y articulaciones. La respuesta inmunitaria anómala también puede afectar a los riñones y otros órganos.

      Artritis reumatoide juvenil, es una enfermedad en la cual el sistema inmunitario actúa como si determinadas partes del cuerpo, como las articulaciones de las rodillas, las manos y los pies, fueran tejidos extraños y los ataca.

      Esclerodermia, es una enfermedad autoinmunitaria crónica que puede provocar inflamación y lesiones en la piel, articulaciones y órganos internos.

      Espondilitis anquilosante, es una enfermedad caracterizada por la inflamación de la columna vertebral y de las articulaciones, lo que cursa con dolor y rigidez.

      Dermatomiositis juvenil, es un trastorno que se caracteriza por inflamación y lesiones en piel y músculos.

      Trastornos alérgicos. Los trastornos alérgicos ocurren cuando el sistema inmunitario reacciona desproporcionadamente al exponerse a determinados antígenos ambientales. Las sustancias que provocan esas reacciones desproporcionadas se denominan alergenos. La respuesta inmunitaria puede cursar con síntomas como hinchazón, ojos llorosos y estornudos, e incluso una reacción que puede poner en peligro la vida del paciente denominada anafilaxia. Tomando unos medicamentos denominados antihistamínicos se pueden aliviar muchos de estos síntomas. Algunos ejemplos de trastornos alérgicos son los siguientes:

      Asma, un trastorno respiratorio que puede provocar dificultades para respirar, generalmente se debe a una reacción alérgica por parte de los pulmones. Si los pulmones reaccionan de forma desproporcionada ante determinados alergenos (como el polen, el moho, la caspa animal o los ácaros del polvo), esa reacción puede desencadenar un estrechamiento de los bronquios y bronquíolos (los tubitos que hay en el interior de los pulmones), reduciéndose el aporte de aire y dificultando la respiración.

      Eccema es una erupción asociada a picor y descamación de la piel, también conocida como dermatitis atópica. A pesar de que la dermatitis atópica no siempre está provocada por una reacción alérgica, es más frecuente en aquellos niños y jóvenes que padecen alergias, fiebre del heno o asma o que tienen antecedentes familiares de estos trastornos.

      Alergias. Existen distintos tipos de alergias que pueden afectar a niños y jóvenes. Las alergias ambientales (a los ácaros del polvo, por ejemplo), las alergias estacionales (como la fiebre del heno), las alergias a medicamentos (reacciones a fármacos específicos), las alergias alimentarias (como a los frutos secos), y las alergias a las toxinas (por ejemplo, al veneno de abeja) son trastornos relativamente frecuentes que se engloban bajo el nombre de “alergias”.

      Cánceres del sistema inmunitario. Los cánceres ocurren cuando las células se reproducen de forma descontrolada. Esto también puede ocurrir con las células del sistema inmunitario. El linfoma es un cáncer del tejido linfoide y es uno de los cánceres más frecuentes en la infancia. La leucemia, consistente en una reproducción excesiva y anómala de leucocitos, es el cáncer infantil más frecuente.

      ¿Cómo podemos tener un Sistema Inmunitario FUERTE y ENTRENADO?

      Para tener siempre “altas las defensas” es preciso seguir algunas normas puntuales, como las siguientes:

      1. Recomendaciones de carácter general:

    • Dormir suficiente tiempo cada noche. El sueño no se recupera.
    • Realizar de forma periódica ejercicio físico moderado.
    • Seguir una dieta alimenticia saludable y equilibrada.
    • Evitar la obesidad ya que está directamente relacionada con la inmunodepresión.
    • Aumentar el consumo de frutas y verduras.
    • Reducir -mejor, eliminar- la ingesta de comida basura, comida precocinada, congelada o rica en grasas.
    • Reducir el consumo de azúcar y harinas refinadas.
    • Reducir o eliminar la ingesta de bebidas alcohólicas, gaseosas o estimulantes.
    • Reducir o eliminar los alimentos fritos.
    • Evitar el consumo de excitantes: drogas, tabaco, alcohol, etc.

      2. Consumir periódicamente Factores de Transferencia



      Para leer más acerca del Sistema Inmunológico haga click sobre los siguientes enlaces:

    • William Hennen, PhD., Factor de Transferencia Mejorado
    • Rush University. Medical Center. El Sistema Inmunológico
    • Epidemiología Molecular. Células del Sistema Inmunitario
    • Centro de Toxicología y Biomedicina (TOXIMED). Cuba. Función del sistema inmune en la defensa contra tumores malignos
    • National Cancer Institute. USA. Entendiendo al Cáncer y Temas Relacionados: Entendiendo al Sistema Inmunológico. . Para ver y/o imprimir documento en Power Point haga click aquí.
    • Biblioteca Nacional de Salud de EE.UU. Enciclopedia Médica. Respuesta inmune.


    • Resumen...

      El hombre, como cualquier otro animal, no podría sobrevivir a las invasiones de múltiples agentes agresores externos e internos que lo atacan si no dispusiera de sistemas defensivos que permitieran destruirlos y erradicarlos. El sistema inmunológico es la defensa natural del cuerpo contra tales ataques y está conformado por una red compleja de células, tejidos y órganos que ha evolucionado para defenderlo contra tales invasores "extraños". De tal manera, el sistema inmunológico protege al organismo de agentes potencialmente nocivos al reconocer y responder a los así llamados antígenos, los cuales son moléculas grandes (usualmente proteínas) que se encuentran en la superficie de las células, virus, hongos o bacterias. Algunas sustancias muertas como toxinas, sustancias químicas, drogas y partículas extrañas pueden ser antígenos. Las sustancias que contienen estos antígenos son reconocidas y destruidas por el sistema inmunológico. El sistema inmunológico ataca y elimina no solamente las bacterias, virus, hongos, parásitos y otras sustancias extrañas, sino también las células del cáncer. Una célula cancerosa no es una célula extraña; es una célula cuya función biológica ha sido alterada de tal forma que no responde a los mecanismos normales del cuerpo que controlan el crecimiento y la reproducción de la misma. Las células anormales pueden continuar creciendo, transformándose en cáncer.

      Disponer de una función inmunitaria eficaz es nuestra mayor defensa frente a los incontables desafíos que acechan a la buena salud y a la calidad de vida. Sin una función inmunitaria eficaz, incluso la menor de las amenazas puede significar un obstáculo enorme. En este mundo de viajes globales tan veloces, de microbios mutantes, y con los retos de la vida diaria, un sistema inmune eficaz, es el mejor de los “seguros de vida” que podamos tener.

















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